Siempre pensé que mi infierno había comenzado con los episodios de malos tratos vividos. Hoy se que eso solamente desencadeno algo que ya estaba latente en mi. No sé porqué pasó, no sé si fue culpa de la biología, la genética, el karma o el destino pero a día de hoy, todavía no sé qué es lo que me hizo ser como soy.Fue muy doloroso saberlo y mucho mas difícil explicarlo y entenderlo, aceptar que soy "diferente", y estar en un sube y baja continuo, nunca estar en un punto neutro, siempre estar al límite, tener miedo, sentir un vacío imposible de llenar, los impulsos.
Supongo que mi historia no es muy diferente a la de casi todo el mundo, una pelea infinita, una lucha incesante por superar los problemas cotidianos. Pero sin embargo, mi forma de enfrentarme a la vida siempre ha sido muy distinta a como lo hacen los demás.
Nunca me sentí querida. Puedo asegurar que se han esforzado, incluso que me han querido, y que me quieren, pero nunca sentí la autenticidad de esos sentimientos, no los hice míos, no los viví, simplemente porque sentía que no me querían con la intensidad con la que quiero yo.
No soporto cuando me dicen que me hago o voy de victima. Crecí sin permitirme errores, sin perdonarme por existir, sin un aliento que no me inculpase de algo. No puedes hacerte la victima cuando te sientes culpable por todo lo que sucede a tu alrededor.
El castigo físico siempre ha sido mi tónica, pero al contrario que a otros borderlines a mi nunca me dieron ni un ápice de alivio, ni una gota de sedante para el alma, ni aún temporal, ni siquiera imaginario. Buscaba aquello que me hiciera daño físicamente, aquello que más dolor me pudiese producir para autodestruirme, lo buscaba en los momentos de desesperación, de vacío. Con el tiempo aprendí a controlar esos impulsos y a superar esos momentos de crisis sin hacerme daño. Cada tatuaje de mi cuerpo es la cicatriz de un intento de suicidio fallido y tengo tres.
Mucha gente piensa que los borderlines utilizamos el suicidio como un medio para llamar la atención. No entienden que tu no puedes controlar lo que sientes, no deseas acabar con tu vida pero ahí estas cortándote o tomando todo el tarro de pastillas y con la impotencia de no poder llamar a nadie y decirle “por favor ayúdame, no quiero morirme” porque mas de uno habrá escuchado “deja de decir tonterías, no seas teatrera” y mientras ahí estas luchando con alguien que se ha adueñado de tu cuerpo (porque no de tu mente) y te hace actuar como una marioneta en la que eres consciente de todo pero no puedes hacer nada por evitarlo. Es jodido.
Mi vida es una ambivalencia, una contradicción, un ir y venir entre ideas opuestas y extremas, es un continuo viaje entre el amor y el odio, entre lo bueno y lo malo, entre el blanco y el negro, es tener la sensación en la cabeza de no tener nada fijo, que todo se mueve, es el no poder confiar ni en lo que se piensa, se siente o se vive porque no sabes a ciencia cierta que sea real. Impotente, a veces miro como mi psique se despedaza, se fragmenta en ideas contrapuestas, que llegan a trascurrir en el mismo momento, a fusionarse y volverse un absurdo, absurdo donde ya todo parece irreal, lejano, difuso.
Lo peor de todo esto es que no hace falta que pase nada extraordinario para que mis sentimientos cambien, un día gris, un momento que no llega, un segundo que no pasa, es suficiente para tocar el cielo con mis manos o el infierno con mis pies.
Vivo en el miedo de un día volverme loca y con la ansiedad de no sobrevivir a esto. En mi mundo existen miles de amenazas, no estoy paranoica, es que en realidad soy muy frágil, tan frágil que el menor comentario de la gente que amo puede hacerme pedazos. Y no porque yo sea débil, si no porque mi personalidad es tan voluble, inconsistente e inestable que depende terriblemente de la seguridad que me proporcionan las personas que quiero.
Es esa fragilidad la que me hace estar tan alerta de todo, de analizar todo, lo que leo, lo que veo, lo que observo, cuando estoy con alguien detecto hasta lo impensable, estoy al tanto de las entrelíneas, los gestos, la voz, cada cosa, cada comentario. Mi cerebro lo procesa todo y lo almacena en pequeñas piezas como si de un puzzle se tratara y el día menos pensado cuando estoy tranquila mi cerebro une todas esas imágenes y las usa para boicotearme. Cuando desconfío de algo el 90% de las veces estoy en lo cierto.
Pero hoy y gracias a la terapia se que es mi personalidad rota, la que está mal, no es mi cuerpo, ni mi cerebro, ni el mundo, ni la vida, es mi “yo”, mis percepciones, la manera en que filtro cada cosa, cada momento, cada persona, cada expectativa y deseo.
En ocasiones rozo la brillantez y toco con los dedos cierta omnisciencia que me asusta y a la que no escucho… otras, rozo el absurdo y me convierto en un ser pusilánime e inútil , incapaz de pensar o de mover un dedo para poder hacer algo. Mi capacidad de empatía me sobrecoge y a veces me hace sentir desgraciada. Siento el dolor de las personas como si fuera el mío propio. Pero hoy se que no me gustaría sentir de otra forma. Se que soy inteligente, tengo mucha fuerza y carisma para sacar adelante mis proyectos y para motivar a los demás, se escuchar los problemas de las personas que acuden a mi y ayudarles a encontrar soluciones, aprecio detalles que muchas personas jamás podrán distinguir, disfruto con el arte, la música y la literatura, me gusta pintar, tocar instrumentos, escribir y ya no tengo miedo estar sola.
En mi entorno solo dos personas saben que tengo TLP, nunca he querido que me tratasen distinto o se compadecieran de mi porque eso es algo que odio y con lo que no me harian ningun tipo de favor. Y ¿Por qué cuento todo esto ahora? Porque quiero cerrar para siempre este capitulo de mi vida ahora que he acabado la terapia., y también lo hago, para que las personas que vivan con un trastorno que sepan que se puede superar, que podemos conseguir todo lo que nos propongamos en la vida como cualquier otra persona y que hay que tener muchísima fuerza de voluntad pero puede superarse. Es normal, absolutamente normal que en ocasiones nos sintamos tristes, desanimados, apáticos, un poco deprimidos, desalentados y disgustados con lo que nos sucede, eso es normal. Pero lo que no debemos aceptar es vivir así todos los días o la mayoría de ellos. Cuando tengas un mal día, proponte fervientemente que al día siguiente estarás mejor y al siguiente mejor aún. Debes acostumbrarte a crecer y a superarte cada día (sin excepción) y lograrás un nivel de vida mucho más satisfactorio. Acepta que tienes un trastorno pero no estas trastornado.
El resentimiento y la amargura por las ofensas sufridas son como piedras que arrastramos. A menos que nos deshagamos de ellas, no recobraremos la libertad de espíritu que antes teníamos y nunca podremos ser felices.
