
Hay momentos en la vida que parecen que nunca van a terminar, son esos periodos en los que sientes que tu vida y tu energía se desinflan. Un problema, una enfermedad o a veces la muerte sacude repentinamente tu paz.
Cuando ese momento llega, no dudes que a todos nos pasará, existen dos caminos.
Uno es el del abatimiento y la depresión, tu fe se desmorona, el túnel se llena de oscuridad, el miedo te paraliza, el sinsentido de la realidad se vuelve contra ti y cualquier palabra de ánimo, un simple consejo o las muestras de apoyo externos que recibes, se pueden convertir en negativo porque tu autocompasión impide vislumbrar el amor que sienten los demás por ti.
Luego existe el segundo camino. A mí me gusta llamarle
“el camino de la aceptación”, en él no hay miedo, ni rencor, ni odio, ni mala suerte. Es, el que es, así de simple. Por mucho que me lamente, por mucho que enfade, por mucho que me pregunte, al final sé que tendré que sacudirme el polvo de la caída, curar mis heridas y continuar caminando. Al final y aunque me duela, sé que el dolor y la adversidad es parte de la vida de todo ser humano.
Mientras escribo estas letras marca en el reloj las 4,39 de la madrugada, me encuentro sentado en una incómoda butaca del Hospital Universitario de Puerto Real mientras acompaño a mi mujer operada hoy de una Neoplasia de mama que al final ha sido más regulín, de lo regulín que esperábamos. Para ser más explicito, una putada.
Muchos podéis pensar que con este post me estoy desahogando y probablemente otros penséis que soy un duro. Pues ni una cosa ni otra, simplemente intento transmitirle a mis hijos, a la familia de mi mujer, a la mía y a mis amigos….
¡ANIMO! Lo que hoy parece un desierto reseco y empinado, pronto, al mirar para atrás; veremos que caminamos por una pradera verde, llena de flores bellas y donde el ruido alegre del agua de un manantial cercano nos dará el trago necesario para calmar la sed del dolor pasado.
Y si de camino a ti, que no me conoces de nada, lees por casualidad esto y te ayuda un poco, aunque solo sea en reflexionar que camino elegir, ya estás haciendo algo diferente. Entonces sí que quiero decirte que me estas ayudando. Si a alguien le ayudo un poco, el me devuelve cien veces esa ayuda.
La vida me ha curtido en el dolor y la adversidad, al igual que a mi mujer y a mis hijos, pero tenemos un pacto que debemos cumplir y sé que nunca olvidaremos y es que por mucho que truene, por mucho que granice, ventee y nos sacuda,
¡podremos caer, pero siempre nos levantaremos!.Vida solo hay una y no podemos más que adaptarnos y aceptar con humildad y entereza lo que nos venga, tanto bueno como malo y a veces si somos listos nos daremos cuenta que todo es relativo. La relatividad reside en la manera que ves y disfrutas de la vida.
Hoy después de la operación le he dicho a un familiar que Dios sigue acordándose de nosotros y me ha preguntado que con todo lo que nos ha ocurrido en la vida como puedo seguir pensando así.
La respuesta es sencilla.
Dios le da cargas a los que tienen suficientes hombros para soportarlas. ¡Eso es un privilegio, no un castigo!.
Omaita es un ejemplo de ello.